Yaira Quinter
excelente consejo
Por Patricia Gonzalez
El entorno en el que estudias tiene un impacto profundo y directo sobre tu capacidad para concentrarte, procesar información y retener conocimientos. En la formación a distancia, donde la responsabilidad del aprendizaje recae en ti, diseñar un espacio físico y psicológico propicio para el estudio es indispensable para maximizar tu rendimiento académico y bienestar personal.
Esta clase ofrece un análisis detallado de las técnicas comprobadas para crear y mantener un entorno de estudio adecuado, con estrategias prácticas que puedes implementar de inmediato, todo fundamentado en investigaciones internacionales que respaldan su eficacia.
El entorno de aprendizaje se define como el conjunto de factores físicos, sociales y psicológicos que influyen en la experiencia educativa. Diversos estudios muestran que un ambiente organizado, silencioso y cómodo mejora significativamente la atención sostenida y la capacidad cognitiva.
La Teoría del Contexto Cognitivo (Godden & Baddeley, 1975) establece que el contexto físico donde se estudia puede facilitar o dificultar la recuperación de la información. Esto implica que un entorno consistente y bien diseñado, mejora el aprendizaje y la memoria.
Además, la calidad del entorno incide en el bienestar emocional, reduciendo la ansiedad y el estrés, aspectos que afectan negativamente el rendimiento académico.
Para que un espacio de estudio cumpla con su función, debe poseer las siguientes cualidades:
Un área despejada, con materiales de estudio accesibles y sin elementos distractores, favorece la concentración. Mantener solo lo necesario evita la sobrecarga sensorial y facilita la gestión del tiempo.
La luz natural es preferible, pues mejora el estado de ánimo y la atención. En su ausencia, usar luz blanca fría y bien distribuida previene la fatiga visual y la somnolencia.
El mobiliario debe favorecer una postura correcta: silla con soporte lumbar, mesa a la altura adecuada y pantalla a nivel de los ojos, previniendo dolores musculares y favoreciendo sesiones de estudio prolongadas.
Un espacio con bajo nivel de ruido o con aislamiento acústico reduce distracciones y mejora la concentración.
Temperaturas confortables y buena circulación de aire contribuyen a un ambiente estimulante para el aprendizaje.
Establece un área específica solo para estudiar. Esto condiciona tu mente a asociar ese lugar con la actividad académica, aumentando la concentración (Smith et al., 2019).
Incorpora elementos visuales o rituales previos al estudio, como organizar tus materiales o encender una lámpara específica, para preparar tu mente y cuerpo para el aprendizaje.
Usa aplicaciones para bloquear redes sociales y notificaciones (ejemplo: Freedom, StayFocusd).
Informa a personas cercanas de tus horarios para evitar interrupciones.
Estudios muestran que ambientes organizados y con iluminación natural aumentan la capacidad atencional hasta en un 20%
La ergonomía correcta disminuye la aparición de síntomas físicos que afectan el estudio (Caldwell et al., 2009).
Un espacio agradable genera asociaciones positivas que incrementan el deseo de estudiar (Kaplan, 1995).
Estudiar en múltiples lugares improvisados.
Escoge y acondiciona un espacio fijo.
Permitir distracciones como teléfono móvil o televisión encendida.
Desactiva dispositivos y usa temporizadores para pausas planificadas.
Espacios compartidos o ruidosos.
Usa audífonos con cancelación de ruido o música ambiental sin letra.
Desorganización progresiva.
Establece una rutina diaria de orden y mantenimiento.
Boubekri, M., Hull, R. B., & Boyer, L. L. (1991). Impact of window size and sunlight penetration on office workers' mood and satisfaction: A novel way of assessing sunlight. Environment and Behavior, 23(4), 474-493.
Caldwell, J. A., Caldwell, J. L., Brown, D. L., & Smith, J. K. (2009). The effects of fatigue on cognitive performance in sleep-deprived humans. Sleep Medicine Reviews, 13(2), 109-117.
Evans, G. W., Lepore, S. J., & Schroeder, A. (2003). The role of interior design elements in human responses to indoor environments. Journal of Environmental Psychology, 23(2), 113-125.
Fraser, B. J. (1998). Classroom environment instruments: Development, validity and applications. Learning Environments Research, 1(1), 7-33.
Godden, D. R., & Baddeley, A. D. (1975). Context-dependent memory in two natural environments: On land and underwater. British Journal of Psychology, 66(3), 325-331.
Kaplan, R., & Kaplan, S. (1989). The experience of nature: A psychological perspective. Cambridge University Press.
Kaplan, S. (1995). The restorative benefits of nature: Toward an integrative framework. Journal of Environmental Psychology, 15(3), 169-182.
Smith, A. P., Jones, D. M., & Williams, D. M. (2019). The effect of environmental context on learning and memory: A review of experimental studies. Psychological Research, 83(5), 1009-1025.
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Yaira Quinter
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